Club de Cuervos: un ejemplo de liderazgo

La serie de Netflix de Gary Alazraki que es todo un hit en México y América Latina puede dejarnos con una mayor enseñanza que la del humor, exceso de poder y fútbol. Esta última temporada deja un sabor empresarial, político y hasta de coaching personal al estilo de los Cuervos.

Si eres seguidor de la serie, sabrás de sobra que todo el quid de la serie se basa en la disputa familiar que traen los hermanos Iglesias sobre el club deportivo de Los Cuervos de Nuevo Toledo. Sus estilos personales marcan el destino, las victorias y las fallas del equipo.

Ahora, ¿por qué si vemos una serie de fútbol, lo que menos vemos es fútbol? Claramente el problema en Club de Cuervos no son los jugadores, sino el management de la empresa familiar. Tanto la personalidad de Isabel como la de Chava distan de ser gerentes o líderes ideales y eso les funciona ya que es una serie y no un club deportivo como el Real Madrid.

Pero si analizamos la tercera temporada nos podemos dar cuenta de la evolución de los personajes. Por primera vez, la luz al final del túnel no es quien dirige el club sino de cuáles estrategias utilizarán como equipo para salvar a Los Cuervos tanto política como financieramente frente Armando Cantú. Es la primera vez que los Iglesias aprender a reconocer sus habilidades blandas no para ir tras sus propios intereses sino hacia un bien común, no sabemos que vaya a pasar en una cuarta temporada, pero si sabemos que al final de esta, esquivaron la mayoría de los peligros gracias a la unión gerencial y un objetivo común para ambos líderes.

Isabel y Chava Iglesias. Club de Cuervos, Netflix.

El equipo y motivación:

¿Por qué no gana un equipo de fútbol si tiene la capacidad física? Individualismo. La falta de unión y conocimiento entre los jugadores del nuevo equipo hacen imposible que se den resultados como grupo y, por ende, hay mayor tensión entre ellos y desde los directivos hacia ellos. Aquí, fue vital el alejamiento de Chava para tener un mando único (en este caso Isabel), que supo leer a los jugadores, creer en ellos y saber manejar la psicología a su favor.

Un ejemplo claro es cuando en vez de reprocharle por su comportamiento hacia sus compañeros y sus constantes berrinches, Isabel, decide hablar con Moisés para indicarle que a pesar de su situación con la selección mexicana, para los Cuervos si era un elemento necesario.

La ejecución de habilidades blandas de escucha y negociación fueron claves para este resultado que termino en la sinergia entre Moisés y el equipo en la cancha, clasificándolos así a la eliminatoria.

Contendientes y alianzas:

¿Recuerdas la rencilla que se traen los Iglesias con el Gobernador? Les quita el estadio, mete su propio equipo, postula a su esposa y además los echa de Nuevo Toledo. Sí, es una situación delicada, y todo parece estar en contra de los Iglesias. Sin embargo, aquí la lección no va tanto para los Iglesias sino para los Gómez Prieto… acaso no habrán escuchado el ten a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca?

Las alianzas y las relaciones laborales se deben mantener a un ritmo diplomático. De nada sirve atacar sin negociar. Punto no claro por el gobernador, al parecer, lo que le cuesta su elección.

Comunicación:

Finalmente, no podemos olvidar la lección dada por el personaje más subestimado de la serie: Hugo Sánchez. Pero no quisiéramos recalcar que es fiel, gracioso o inocente. Realmente su momento heroico en esta temporada es imponer la comunicación frente a su jefe, Chava.

Reconozcámoslo, Hugo Sánchez se supera a si mismo al exigirle a su jefe que lo escuche para salvar su propio trabajo. Y eso es lo que cada empresa, gerente o líder debe desear: una persona que sea capaz de salirse de su zona de confort, retar a su jefe y se haga escuchar.

Bravo por Hugo Sánchez y por Club de Cuervos al habernos dado una lección empresarial y una buena dosis de humor. 

Hugo Sánchez.

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